Jorge Urdiales Yuste

El tío Alfredo, de ruta con Delibes: Bercero


Jorge Urdiales

Mi tío Alfredo, que prefirió esperar a septiembre para retomar sus rutas de Delibes, se ha encontrado con un sol de justicia que se hacía insoportable a la hora de comer en Castilla. ¡Qué temperaturas para estar en septiembre! Calor tiene que hacer, está claro, pero estos 30 y tantísimos grados de los primeros días del mes, no le gustan un pelo a mi tío. Un anciano como él no puede recorrerse las rutas de Delibes (las calles de sus pueblos, sus laderas y caminos) con la misma alegría que en una suave mañana de mayo.

Bercero. Foto: Jorge Urdiales

Bercero. Foto: Jorge Urdiales

En fin, esta vez Alfredo quiso disfrutar de las rutas 10 días seguidos y lo hizo recorriendo cinco pueblos muy cercanos entre sí: Bercero, Villalar de los Comuneros, Vega de Valdetronco, San Salvador de Hornija y Adalia. Alfredo, al volver a Madrid, me contó sus andanzas por cada una de estas localidades (todas ellas en la 4ª Ruta de Delibes), pero yo solo debo referirme hoy a Bercero y ser fiel a mis artículos y a la web que los publica: cada artículo está dedicado a un pueblo, y solo uno, de las rutas; y la web en los que ven la luz se llama www.puebloenpueblo, es decir, poco a poco, uno a uno, que aquí en los pueblos vallisoletanos no existen esas prisas y esas ansias de acabarlo todo lo antes posible. Vayamos, pues, con Bercero.

Me cuenta Alfredo que Bercero es un pueblo pequeño, recogido, curioso, en el que abunda la piedra en las fachadas y las casas se arraciman en torno a la iglesia. En la misma parada del autobús (coche de línea que se decía antes) mi tío Alfredo se encontró al primer berceruco. La parada, junto a la VA-5602, tiene asiento y sombra. No era día ni hora para sentarse en los bancos del edificio que está a la espalda de la parada, bancos a pleno sol, el sol de Castilla. Este hombre, de pantalones grises, camisa de un gris más claro y zapatillas de deporte, le explicó a Alfredo que en los 90 el pueblo contaba con 300 habitantes y que ahora ronda los 200.

Monolito de las Rutas de Delibes. Foto: Jorge Urdiales.

Monolito de las Rutas de Delibes. Foto: Jorge Urdiales.

Alfredo le justificó el motivo de su visita a Bercero e, inmediatamente, el berceruco le invitó a ver el monolito de las Rutas de Delibes en el pueblo. Junto a unas palmeras de apenas un metro de alto y algún que otro arbusto, la D de las rutas ofrece el texto habitual de Delibes en el que habla, en este caso, de Bercero. Y, por lo que leyeron, Bercero para Delibes fue sobre todo su término municipal, que formaba parte del coto El Bibre, tan cazado por el escritor en la parte final de su vida como cazador. Concretamente Bercero, le contó este hombre a mi tío, está situado dentro del cuartel de Las Peladas. “Un coto tiene varios cuarteles, ¿sabe usted?”, le explicaba este señor del que mi tío no recuerda el nombre.

Y continuaba diciendo: “Miguel Delibes vino mucho por estos pagos. Había sido amigo de Genuino Reglero, el padre de Jesús Mª, el dueño del coto El Bibre, que comprende Bercero pero también los pueblos de alrededor. Con Jesús Mª cazó mucho en los años 90. Un domingo tras otro, fíjese usted, sin apenas ausencias. Aquí al pueblo lo cita dos veces en el año 90 en El último coto -libro publicado en 1992-. Habla el señor Delibes de páramos desamueblados, a ver, lo que hay por aquí. No nos molesta, al contrario. Castilla es así. Vamos, al menos esta parte de Castilla”.

Alfredo y el berceruco se recorrían las calles del pueblo a paso lento, como el paso de los Regulares en Melilla. Paraban cada diez, quince metros; el berceruco hablaba, Alfredo escuchaba. Las casas, unas de piedra, otras de adobe, alguna de ladrillo, pocas de cemento, parece que también escuchaban la explicación de aquel hombre. En una de ellas, Alfredo se detuvo. Era el número 1 de la calle Real de Santiago. Una casa cerrada, con dos primeros metros de piedra y un tercero de adobe. La ventana superior, con reja de hierro oxidado, era el reflejo de otra época, de cuando los abuelos de Alfredo, el cocido en la gloria y el bieldo, la siega y la trilla.

Detalle del monolito. Foto: Jorge Urdiales.

Detalle del monolito. Foto: Jorge Urdiales.

Se le vio a Delibes por el pueblo con su cuadrilla. Alguna vez comió en Bercero. El término municipal vio a Delibes casi casi colgar la escopeta. Saben sus hijos que todavía después de este último coto, Miguel Delibes disparó alguna vez más. Pero podemos decir que oficialmente Delibes colgó la escopeta en Bercero, Adalia, Vega de Valdetronco… “Orgullosos estamos en Bercero -le sentenciaba el berceruco a Alfredo- de que el señor Delibes acabase su larga jornada de caza (toda una vida) en estas tierras. Otra cosa es que lo expresemos o no. Si usted quiere gente expresiva, váyase a Cádiz. Nosotros somos de otra manera, pero aunque no lo digamos mucho, todos estamos muy contentos de haber tenido por aquí a Delibes”.

Bercero, el pueblo que conoció al Delibes sesentón y setentón, está bien situado entre dos localidades históricas: nada más y nada menos que Tordesillas y Villalar de los Comuneros. ¿Su futuro? Los pueblos de la provincia merman, de momento, su población casi sin remedio. Las Rutas de Delibes no traen a riadas de chinos a los pueblos vallisoletanos, pero algo hacen. Alfredo se ha encontrado en algún pueblo, con gente con gente que recorría sus calles con motivo de las rutas. Poco a poco se va haciendo el camino y Alfredo es un ejemplo de ello.

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