Noelia Tadeo Garrido

El Canal de Castilla, un lema: el agua que nos une, una meta: consolidarlo como elemento patrimonial de desarrollo e identidad cultural


Noelia Tadeo Garrido

  • El Agua que nos une fue el título bajo el que se celebró en Palencia el III Congreso Internacional del Canal de Castilla, allá por el mes de octubre de 2010, que vino a cerrar las actuaciones del Plan de Excelencia Turística del Canal y a través del cual se ponía de manifiesto la necesaria unión y coordinación entre las provincias de Palencia, Burgos y Valladolid, en torno a un proyecto común, y a un recurso único y singular. Hoy el agua que nos une, vuelve a ser el eslogan, el mensaje que la Diputación de Palencia quiere recuperar para poner el acento en él, y completarlo con su vínculo a nuestra historia, a la de sus gentes y al espíritu de la Ilustración en un territorio amplio y diverso como es el castellanoleonés; porque desde su nacimiento, en Alar del Rey, y a lo largo de 207 kilómetros de discurrir de Norte a Sur, el Canal de Castilla surca los territorios de tres provincias, y de 38 municipios de Castilla y León, que configuran un recorrido con verdadera identidad cultural.

Con forma de Y invertida a lo largo de la provincias de Palencia, Burgos y Valladolid el turista se encuentra una de las obras de ingeniería hidráulica más importantes de los siglos XVIII y XIX realizadas en España. Se trata del Canal de Castilla, construido en tiempos de Fernando VI para facilitar el transporte de trigo de Castilla hacia los puertos del norte de la península, debido al notable aislamiento que sufría la meseta a consecuencia de su complicado relieve y de la deficiente red viaria. Sin embargo, con la llegada del ferrocarril su uso quedó relegado, hasta convertirse hoy en día en una infraestructura gestionada por la Confederación Hidrográfica del Duero, cuyos usos prioritarios son el regadío y el abastecimiento de agua a poblaciones como Palencia y Valladolid; usos a los que se suma, cada vez con más fuerza, el turístico.

Pasarela de Herrera. Foto: Diputación de Palencia.

Pasarela de Herrera. Foto: Diputación de Palencia.

PINCELADAS SOBRE PUESTA EN MARCHA. Los primeros testimonios sobre el Canal de Castilla se atribuyen al Marqués de la Ensenada, ministro de Fernando VI, cuando en 1751, consciente de la mala situación económica, refirió al rey que no había en Europa terreno más seco que el de España, y por consecuencia están expuestos sus naturales a padecer hambres por sus malas cosechas, ni tampoco Reino en que menos se haya ejercido el arte para ocurrir a la precisión de socorrer unas provincias (…) pues no se ha procurado que sus ríos sean navegables en lo posible, que haya canales para regar y transportar, y que sus caminos sean cual deben ser. A partir de entonces se toma conciencia y se proyecta una red de canales navegables que atravesasen las llanuras castellanas.

Antonio de Ulloa fue el ingeniero encargado de presentar el Proyecto General de los Canales de Navegación y Riego para los Reinos de Castilla y León, inspirado en los trabajos del francés Carlos Lemaur. Las obras definitivas comenzaron el 16 de julio de 1753, en Calahorra de Ribas (Palencia). En este momento se concebía como una red de cuatro canales que lograrían unir el Espinar (Segovia) con Reinosa (Cantabria). No obstante solo se construyeron tres ramales: el del Norte (87,5 Km) desde Alar del Rey hasta Calahorra de Ribas; el de Campos (66,2 Km) desde Calahorra hasta Medina de Rioseco y el del Sur (54,3 Km) desde el Serrón (Grijota) hasta Valladolid capital. A pesar de los avances logrados en la obra, en 1804 se paralizó debido a la Guerra de la Independencia y a las consecuentes crisis política, económica y social, que ocasionaron grandes destrozos en los ramales levantados.

Fernando VII visitó las instalaciones del Canal para comprobar su estado y al ver la envergadura de aquel proyecto decidió privatizar las obras, el Erario Público era incapaz de sufragar el coste que acarreaba su continuación. El 10 de septiembre de 1828, dictó una Real Orden para adjudicar el proyecto a una empresa privada. De esta manera, en 1831, se concedía a la Compañía del Canal de Castilla su explotación durante 80 años, una vez finalizadas las obras. A cambio, la empresa se comprometió a terminar su labor en un plazo de siete años; sin embargo, la guerra vuelve a convertirse en impedimento y tras diversas luchas por continuar la obra, fue bajo el reinado de Isabel II cuando se pudo dar por finalizada la construcción del Canal en 1849, momento en que las aguas llegaron a la dársena de Medina de Rioseco.

Alar del Rey. Foto: Diputación de Palencia.

Alar del Rey. Foto: Diputación de Palencia.

UN MOTOR DE DESARROLLO. De manera paulatina, Tierra de Campos comenzó a tener un paisaje similar a las localidades costeras. Barcas, embarcaderos y astilleros tomaron el protagonismo gracias a la navegabilidad del Canal y otorgaron a la zona una imagen peculiar. A lo largo de todo el recorrido, aparecieron embalses y tomas de agua que facilitaron el riego. El Canal y los usos que se hicieron de él, contribuyeron al desarrollo económico, social y cultural de Castilla, se generó empleo y se asentó población entorno a su cauce, como es el caso de Alar del Rey en Palencia, cuyo origen está vinculado a este hecho.

Las ventajas del transporte de mercancías por el Canal pronto se pusieron de manifiesto frente al tradicional traslado a lomos de caballerías. La capacidad de carga aumentó de manera significativa, pues una barca de trigo equivalía a 30 carros de bueyes, 202 mulos o 302 burros. Como consecuencia aumentó el número de embarcaciones. Mientras que en 1847 había 130 barcas registradas, veinte años más tarde ya se contabilizaban 365. Con estos datos cualquiera se puede imaginar el incesante trasiego fluvial.

El exceso de navegación en ambos sentidos exigía que las aguas mantuvieran una pendiente constante. Las diferencias de nivel se solventaban con las 49 esclusas y con sus maniobras de llenado y vaciado del agua. De esta manera, cuando una embarcación se aproximaba a la esclusa para alcanzar el nivel inferior se cerraban las compuertas superiores e inferiores y se abrían unas portillas de guillotina que permitían la entrada de agua desde el nivel más alto.

El Canal de Castilla no solo era vía de comunicación y arteria para regar los secos campos de castellanos, sino que fue responsable del despertar industrial de la región. Se detectó que la fuerza del agua en los saltos de las esclusas podía servir como energía motriz para mover máquinas hidráulicas. Este hecho permitió que a finales del siglo XVIII comenzaran a surgir en las orillas del canal molinos, fábricas de papel, batanes de paños de lanas y de antes y curtidos.

Sin embargo este esplendor remitió con la aparición del ferrocarril y la actividad cesó, los edificios fueron abandonados y la navegación por el Canal a principios del siglo XX determinó que el regadío pasara a constituir el aprovechamiento primordial de sus aguas. A consecuencia se desmantelaron las compuertas de las esclusas para sustituirse por pequeñas presas. Hoy en día, este es su uso principal y se complementa con el uso para el deporte, el ocio, y el turismo.

Ciclistas por el Canal de Castilla. Foto: Diputación de Palencia.

Ciclistas por el Canal de Castilla. Foto: Diputación de Palencia.

BIEN DE INTERES CULTURAL. Tras la celebración del I Congreso, promovido por la Diputación de Palencia y la Junta de Castilla y León, “Sobre conservación y desarrollo de los recursos del Canal de Castilla”, el 13 de junio de 1991 fue declarado Bien de Interés Cultural; y se aprobó en 2001, el Plan Regional de Ámbito Territorial.

El Canal ha contado en las dos últimas décadas con programas de desarrollo rural, como el Proyecto Leader del Canal de Castilla, llevado a cabo por la asociación ADECO. Pero, sin duda, un ejemplo reciente y exitoso de actuación coordinada entre todas las administraciones (Ministerio, Junta de Castilla y León y las diputaciones de Palencia, Burgos y Valladolid, integradas en el Consorcio) ha sido el Plan de Excelencia Turística del Canal de Castilla, que lo ha dado visibilidad y ha logrado posicionarlo en la oferta turística de Castilla y León.

CANAL ACTIVO. Recorrer el Canal de Castilla se ha convertido en una de las actividades turísticas en auge. Su paisaje, como vía fluvial, a lo largo de los años ha configurado un ecosistema propio: un bosque de galería, con vegetación de alisos, fresnos o álamos, y especies animales como las garzas imperiales o las nutrias, que constituyen un reclamo para el amante de la Naturaleza.

Si bien son innumerables las iniciativas de distinta índole que se organizan en torno al Canal. Es una ruta con trayectos casi llanos, indicada para todo tipo de turismo y los antiguos caminos de sirga, que sirvieron para el tránsito de los animales arrastrando las embarcaciones, son adecuados para pasear, o recorrer en bicicleta, trayectos que pueden durar de dos a cuatro días, según la opción.

Canal de Castilla. Foto: Web Ayuntamiento Villaumbrales

Canal de Castilla. Foto: Web Ayuntamiento Villaumbrales

Los paseos en barco son una opción fundamental para conocer el Canal. En Medina de Rioseco (Valladolid) la embarcación Antonio de Ulloa realiza un trayecto desde la dársena hasta la esclusa 7, o en un trayecto más amplio, hasta la 6 en Tamariz de Campos. Además, se puede visitar la fábrica de harinas San Antonio del siglo XIX con maquinaria original para la molturación y limpieza del trigo que utilizaba la fuerza motriz del agua del Canal. En Melgar de Fernamental (Burgos) los turistas se encuentran con la embarcación turística San Carlos de Abánades, que navega por encima del espectacular acueducto de Abánades. El Juan de Homar recibe a los turistas en Villaumbrales (Palencia), en un enclave privilegiado junto a la Casa del Rey, hoy convertida en el Museo del Canal de Castilla. Y por último, en Herrera de Pisuerga, se encuentra amarrada la embarcación Marqués de la Ensenada, en la Presa del Rey, donde las aguas del Canal vuelven a encontrarse con las del Pisuerga, y donde la Diputación ha construido una espectacular pasarela que salva el paso de senderistas y cicloturistas que realizan el recorrido; en este trayecto el paso de la embarcación por la esclusa 6 del Ramal del Norte, se convierte en el atractivo principal.

Pero sin duda, el auténtico valor del Canal de Castilla radica en su contenido cultural, porque configura un verdadero museo al aire libre. Dársenas, acueductos, esclusas, arcas y arquetas de riego, postes leguarios, casas de escluseros, molinos y fábricas de harina, puentes, presas y almacenes nos nos hacen reflexionar sobre lo que fue, el espíritu de quienes lo hicieron posible y la necesidad de avanzar en su proyección y conservación. El agua que nos une es por ello y, sobre todo, el vínculo con nuestro pasado, la potencialidad de su presente y una mirada a nuestro futuro.

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