Patrimonio abandonado

Otero de Sariegos, el sutil encanto de Zamora


Rebeca Díez

Existe una sensación extraña cuando uno ve fotografías de pueblos deshabitados pues al fin y al cabo, se trata de lugares en los que un día la presencia humana llenaba de vida cada uno de sus rincones hasta que, por una razón u otra, se quedaron desiertos.

Galería fotográfica de Otero de Sariegos

Iglesia San Martín de Tours. Foto: EnPueblo

Iglesia San Martín de Tours. Foto: EnPueblo

Esa vida llega hoy a Otero de Sariegos de la mano de las aves y de los conejos, únicos habitantes de un emblemático enclave de la Reserva de las Lagunas de Villafáfila.

El municipio zamorano, que debe su nombre a la explotación de sal procedente de las lagunas, se sitúa en lo alto de una pequeña colina desde la que se distinguen campos de cereal y palomares de adobe en ruinas.

Esa vida regresa al pueblo abandonado dos veces al año, el 25 de abril y el 11 de noviembre, cuando la iglesia de San Martín de Tours abre sus puertas para festejar las festividades de San Marcos y San Martín.

La fachada de la iglesia presenta un aspecto tronado, especialmente la espadaña de ladrillo que da cobijo a las campanas del templo.El resto del municipio lo componen varias casas que todavía resisten en pie y otras tantas derruidas.

Hasta principios de los años 70, la escuela del municipio permaneció abierta, aunque el declive de Otero comenzó en los años treinta, cuando algunos vecinos se trasladaron a Villarrín y Villafáfila. Poco a poco, la emigración que sufrió el mundo rural hizo que Otero perdiera casi cuarenta habitantes en apenas cinco años.

Otero de Sariegos. Foto: EnPueblo

Otero de Sariegos. Foto: EnPueblo

Y así, habitante tras habitante. Esta situación llevó al Ayuntamiento a iniciar la incorporación a uno de los municipios vecinos: Villafáfila o Villarrín. Finalmente, un referéndum entre los habitantes que quedaban en Otero determinó la vinculación a Villafáfila.

Otero de Sariegos se ha convertido en el contraste visible entre el ocaso de la presencia humana y la grandiosidad medioambiental de un punto estratégico en la Reserva Regional de las Lagunas de Villafáfila.

La cercanía a la Salina Grande permite una observación privilegiada del entorno, reclamo de los miles de visitantes que cada año acuden hasta este punto. Ese entorno privilegiado evita el olvido de Otero de Sariegos, lugar donde actualmente miles de aves surcan los cielos de los edificios que, a duras penas, se mantienen en pie.

 

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