Noelia Tadeo Garrido

Lo que la madera se llevó


Lidia Corral Dos Santos// Belorado, Burgos

Cuando un pueblo depende en su mayoría de un único sector, si este quiebra las consecuencias pueden ser devastadoras. Si la crisis golpea a un sector no solo daña a ese grupo. También lo hace a todos los que dependen de él y así se puede ver en Belorado, una pequeña localidad al este de Burgos.

Al tiempo que la construcción empezó a caer en picado, la empresa Maderas Vitores, puntera de la región, fue de las primeras en sufrir el golpe. Suministraba madera a importantes compañías constructoras tanto regionales como nacionales. Un negocio familiar desde sus inicios y que había pasado de generación en generación a lo largo de los años, se encontró de pronto ante una situación nunca antes vivida: los clientes de los que dependía estaban al borde del la quiebra y no encontraba una fuente de la que seguir viviendo.

Madera en Belorado. Foto: Lidia Corral Dos Santos

Madera en Belorado. Foto: Lidia Corral Dos Santos

Todos sus empleados, superando el centenar, eran conocidos, vecinos, amigos y su lema era seguir adelante hasta que “el último de sus trabajadores se jubilase”. En un pueblo de apenas 2,000 habitantes, al menos un miembro de cada familia formaba parte de la plantilla de Maderas Vitores, uno de los buques insignia de Belorado. En 2006 el 62% de la población activa de la localidad trabajaba en tres empresas: Maderas Vitores, Mueble Español y la Muebles Pérez.

La familia Vitores tuvo que tomar medidas dolorosas para poder seguir adelante. Comenzó la reducción de salario, de jornada, cambiaron los contratos… Hasta que al final acabó llegando, como a tantas otras empresas, el expediente de regulación de empleo. Empezaron los despidos y al final, a pesar de todos los esfuerzos, se acabaron los créditos y las deudas les condujeron a echar el cierre.

“La heredamos de nuestros abuelos que la habían heredado de sus padres y ha sido muy triste tener que despedir a amigos y vecinos que han crecido con nosotros. Esperamos que el pueblo nos perdone”.

Otra empresa que ha visto de cerca el abismo es Mueble Español. Un negocio regentado por la familia Eguíluz y que cuenta con casi medio centenar de beliforanos en su plantilla. Cuando se dejaron de vender pisos también se dejó de comprar mobiliario. Pronto no pudieron afrontar las facturas y les obligó a tener durante ocho meses a sus empleados sin recibir ningún sueldo.

También llegó a esta fábrica familiar el tan poco querido “ERE” y, a pesar de todo, los empleados siguieron manteniendo la empresa a flote a base de sacrificio y de seguir adelante con el sueldo de otros familiares. Seguían yendo a trabajar; no querían dejar caer a una empresa que les había dado empleo desde bien jóvenes. Y ese esfuerzo se ha visto recompensado este año cuando las nóminas comenzaron a llegar, y aunque no tan abundantes como en años anteriores, la esperanza ha vuelto a la fábrica.

Muebles Hijos de José Pérez es la tercera empresa de la localidad que más empleo da a sus vecinos. Aunque es de los negocios más pequeños, es de los que más ha crecido después de ver casi cerrada su fábrica. La crisis también genera nuevos emprendedores, o como en el caso de esta familia, re-emprendedores. Han tenido que hacer un reajuste en sus productos y han sustituido los muebles de calidad por maquinaria y materiales de construcción, de modo que han conseguido mantener y ampliar empleos.

Fábrica de Mueble Español. Foto: Lidia Corral Dos Santos

Fábrica de Mueble Español. Foto: Lidia Corral Dos Santos

En los pueblos pequeños es donde antes se nota cuando las cosas no marchan bien y no solo en la falta de trabajos o precariedad en los que quedan. En los últimos cuatro años la clase de 1º de Infantil (3 años) ha pasado de una media de 20 alumnos a no llegar a media docena. Cada vez hay menos parejas dispuestas a quedarse en los pueblos y las que permanecen no se animan a tener hijos si no tienen la seguridad de contar con un trabajo que le sirva para mantener a una familia.

La quiebra de Maderas Vitores acarreó que un gran número de personas se trasladaran en busca de empleo a otros municipios, lo que ha obligado al Ayuntamiento a sacar empleos por horas para que el menor número de familias se vean afectadas.

La crisis se vive peor en invierno cuando la nieve cubre de blanco los tejados a la vez que vuelve de rojo las cuentas destinadas a calefacción. El sol del verano, con miles de peregrinos cruzando el pueblo cuando hagan el Camino de Santiago es la luz de esperanza que los beliforanos quieren para derretir las penas. Algunos llegando a las últimas consecuencias, otros con penurias y luchando, y los hay que han tenido que renovarse para no morir… Esta crisis no está pasando desapercibida para nadie en el pueblo de la madera.

 

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1 reply »

  1. Ciertamente aunque pensemos que no nos afecta al final todos dependemos de todos. Y acaba repercutiendo en nuestra economía y en nuestras vidas. Me ha gustado mucho el artículo

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