Patrimonio abandonado

Honquilana, un pueblo fantasma


Rebeca Díez

Es uno de los cinco municipios deshabitados de la provincia de Valladolid, justo en el límite con Ávila y uno más de los cientos que de Norte a Sur de España se han quedado en el olvido.

Galería fotográfica de Honquilana

Hay una sensación extraña y difícil de explicar cuando uno ve imágenes de pueblos que en su día tuvieron una vida que hoy cuesta imaginar. Sensación que se vuelve más extraña todavía si esas mismas fotografías han sido tomadas por uno mismo.

Cartel de entrada a Honquilana.

Cartel de entrada a Honquilana.

Dar con Honquilana no es complicado. Lleva en el mismo lugar unos cuantos siglos, al menos desde 1250 cuando aparecen las primeras referencias del municipio en algunos escritos de la época. Por aquel entonces, se conocía como Fuentquilana, topónimo de origen latino que algunos expertos consideran que fue un indicio de asentamientos romanos en la zona.

De Fuentquilana a Honquilana y de generación en generación hasta que a mediados de la década de los ochenta, se marchara el último habitante de la localidad. Pese a ello, y para dar cuenta de todas las historias que en el municipio se vivieron, aun aparece su nombre en el indicador del desvío desde la autovía y el cartel que indica la entrada a lo poco que queda en pie.

Calle y vistas generales de Honquilana.

Calle y vistas generales de Honquilana.

Pero no siempre fue así. En su día, los muros de las construcciones religiosas de Honquilana se elevaban al cielo, las calles aunque estrechas se distinguían y permitían conocer cada esquina del municipio. A mediados del siglo XVI, era una pequeña aldea perteneciente a la Diócesis de Ávila y tres siglos más tarde, al partido judicial de Olmedo.

En 1850, la población total era de seis vecinos y veinte habitantes. Nunca llegó a tener un desarrollo notable de ningún tipo ni tan siquiera dispuso de luz eléctrica, un motivo más de la marcha que uno tras otro, emprendieron los habitantes. Atrás dejaban un par de casas, una ermita de la que ya no queda huella, una iglesia parroquial dedicada a Nuestra Señora de la Asunción que dejó de prestar servicio en 1991 y un cementerio colindante.

El Arzobispado de Valladolid guardó a buen resguardo todo lo valioso que guardaba entre sus muros la iglesia. Una de las obras que atesoraba era el retablo mayor, que actualmente se encuentra en la iglesia parroquial de Nuestra Señora de Prado en Valladolid. Por más que vuelvas a ver las imágenes, la sensación sigue siendo la misma. Extraña, sí. Pero bonita.

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