Pilar Martínez Fernández

Esas fuentes vivas de agua clara


madre foto PEP“Fuente amarga, fuente blanca, fuente vinagrera…así de pronto son los nombres de fuentes que me vienen a la mente; nombres que en verdad no sé bien a qué se deben pero cumplieron en mis viajes con esa necesidad que a menudo le sobreviene al caminante: calmar la sed”

Pilar Martínez Fernández

Son fuentes, sí. Fuentes de pueblos que en sus entrañas, casi como tesoros, albergan manantiales que manan el agua en su estado más puro, sin cloros ni tratamientos potabilizadores, agua sin más, con su propio sabor…porque el agua no es insípida como pueda parecer, tiene sus matices de sabor que el paladar aprecia con intensidad cuando la boca está seca; el dulzor, incluso la leve salazón que se entremezcla con el frescor.

2015-09-20 16.38.10Cada pueblo, su fuente y cada fuente, su manantial. Más grande o más pequeña, modesta o labrada en piedra, la fuente del pueblo siempre ofrece paciente su entraña fresca y trasparente y con ella, una vez más, la memoria, la historia y la tradición.

No es casualidad que siempre nos encontremos la fuente de un pueblo en una de sus plazas o junto a una ermita o incluso en algún camino angosto que solo los lugareños conocen. Los manantiales y por ende las fuentes manan donde rompe la barrera que la propia tierra de forma natural construye, y siempre suele romper donde el hombre habita o por donde transita, tal vez porque la propia naturaleza entiende que sus riquezas y recursos deben ser aprovechados como un regalo que ella misma otorga. De ahí la no casualidad pero si la causalidad de que esos chorros de agua fresca que salen impetuosos de las fuentes estén donde tienen que estar, para darse generosos al pueblo que siempre lo necesita; antaño porque eran fuentes realmente de vida y de tradición y hoy porque son reservas naturales en tiempos de escasez de agua.


2015-09-20 18.11.25Las fuentes en tiempos más pretéritos  eran lugares de encuentro
dentro de la propia cotidianidad de las gentes; el agua era un bien natural del que había que proveerse directamente del caño donde manaba, de ahí las costumbres y como consecuencia ciertas tradiciones que se han visto reflejadas en muchas canciones populares y danzas que muchos pueblos guardan en su haber; jotas emulando a las mozas con sus cantaros para llenarlos de agua en la fuente mientras son cortejadas por los mozos con coplillas propias de ronda.

Y qué decir tiene el enorme tributo que dan  esas fuentes y manantiales a todos esos  peregrinos que van a Santiago de Compostela. Cuantos no habrán llenado sus cantimploras y tiempo atrás esas calabazas peregrinas para saciar la sed en su caminar.

2015-09-20 16.39.06Sí, para eso existían las fuentes y subsisten hoy, sin embargo, como en casi todo existen los inconvenientes, en este caso se podría decir mejor “precauciones”, y no por la naturaleza que en sí misma sigue su curso, sino por la propia mano del hombre, una mano derecha que a veces no sabe las consecuencias de lo que hace su mano izquierda.

Cada vez ocurre más que llegues a una fuente de un pueblo y te encuentres con un cartel que te dice: “agua no potable y sin garantías sanitarias”. Tú la ves manar del grifo limpia, transparente, tentadoramente fresca y te quedas pensando qué hacer ante tal advertencia, no en vano recuerdas aquello de  “ agua corriente no mata a la gente”, muchos más cuando ves el agua perderse por la alcantarilla de un desagüe sin saber realmente adonde va.

Y comienzas a preguntar. Quieres saber si realmente esa advertencia es de peso o simplemente es un modo de curarse en salud. En muchos casos es ambas cosas, el uso de pesticidas en los campos cada vez más químicos da lugar a filtraciones en los niveles freáticos, contaminando manantiales en dosis que al hombre le pueden resultar nocivas para su organismo.

No siempre esos niveles de contaminación son tales, sin embargo la prudencia siempre se alimenta con la advertencia, por si acaso no fuera a ser que…en fin, lo que se dice; un modo de curarse en salud.

No sé, tal vez debamos apelar a la prudencia cuando nuestra propia mano altera lo que la naturaleza generosa nos entrega, quizá eso sea en verdad lo que nos merecemos, pero no deja de ser una pena tener que renunciar a beber de esas fuentes vivas  de agua clara,  que en otro tiempo y a tantas generaciones no sólo alivió su sed sino que les hizo crear costumbres y fraguó tradiciones que hoy, muchos con no poca nostalgia, conocemos y deseamos no queden en el olvido.

Pilar Martínez Fernández

Anuncios

Deja tu comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s