José Carlos Iglesias

III Jornadas de la trashumancia y el comercio de lana


José Carlos Iglesias // Medina del Campo

Se han celebrado este sábado, organizadas por la asociación Amigos del Museo de las Ferias y del Patrimonio de Medina del Campo, las terceras jornadas de la trashumancia y el comercio de la lana.

Cartel Trashumancia.

Cartel Trashumancia.

Hablar de rebaños de ovejas en Medina del Campo, donde confluyen dos cañadas reales: la leonesa occidental y la burgalesa; y de lana en el centro neurálgico del comercio en la edad media, es remontarse a una época determinada en que la muy noble y leal villa de Medina del Campo abastecía de materias primas a todos los mercados mundiales. Eran los tiempos del Concejo de la Mesta, de las fábricas de hilo en Flandes, del incesante paso de miles de rebaños de merinas.

La edad de oro del Imperio, ese imperio donde no se ponía el sol, un imperio sustentado por gentes laboriosas y gremios perfectamente organizados. No viene mal recordar de vez en cuando esa historia ya arcana. Ese es uno de los propósitos que se han marcado los organizadores, a cuya cabeza, como si se tratara de un curtido rabadán, se sitúa Luis Gil, que fue quien abrió la mañana en uno de los salones del Museo de las Ferias, antigua iglesia de San Martín. Un salón que previamente había sido tomado por ese pastor de archiperres y artilugios llamado Santiago Manzano, natural de Villaverde de Medina y la bonhomía personificada.

Festival Trashumancia. Fotos: Consuelo Escribano Velasco y de Alberto Arranz.

Festival Trashumancia. Fotos: Consuelo Escribano Velasco y de Alberto Arranz.

La introducción a la didáctica mañana corrió a cuenta de Mariano García Pásaro, de sobras conocido, poeta de coplas, misticismos, majadas y tabernas. Se notaba que el tema le inspiraba, algo que muchos de los allí presentes ya intuíamos: que el desfilar del rebaño por la cañada ya tiene más de poesía que de otra cosa. La poesía ese salvoconducto que parece no servir para nada y encontrarse en todo. Llegó el turno de Santiago y de su curiosa y variopinta colección de instrumentos musicales, todos ellos asociados, rigurosamente, al folklore, a la tierra, a la tradición, a la cultura popular.

Unos más antiguos que otros (como esas flautas que el director del museo, Antonio Sánchez del Barrio, ha elegido como piezas del mes) unos más tradicionales que otros (qué decir de esos archiperres que el amigo juglar inventa con su cabeza de folklorista y sus manos de artesano), pero todos ellos igual de insólitos. Piezas únicas, en definitiva, como las dos piezas musicales que, en vivo y a capella, interpretaron Galaníca, o lo que es lo mismo: Raquel, Sandra y Juanjo, un jovencísimo grupo de Valladolid que acompaña a Santiago en sus declamaciones y que ralentiza el folklore tradicional hasta llevarlo a un punto cautivador.

Arrabal de Portillo. Fotos: Consuelo Escribano Velasco y de Alberto Arranz.

Arrabal de Portillo. Fotos: Consuelo Escribano Velasco y de Alberto Arranz.

El archiperrero hizo gala también, de su poderío y magnetismo escénico. Lo mismo se atreve con un brindis, una copla o un romance. ¡Cuántos así, como él, se necesitan en esta región silenciosa, demasiado, a veces! El audiovisual que acompañó su actuación dio testimonio de algunas de sus andanzas. Juglar de corazón abierto y está todo dicho. Después de un descanso fue el turno de Consuelo Escribano Velasco, etnógrafa de la Junta de Castilla y León, quien nos expuso una didáctica y completa lección de historia sobre el origen y los lugares de la trashumancia.

Consuelo partía con cierta ventaja, la que le da ser natural de la Churrería y una auténtica enamorada de su trabajo. El auditorio, embelesado con sus explicaciones llegó a tal punto que terminó por confundir churras y merinas. Cerró el acto Jesús Garzón, presidente de la asociación Trashumancia y Naturaleza, una auténtica autoridad en el tema a tratar, pues lleva desde mediados de los sesenta estudiando el medio ambiente como naturalista y defendiéndolo como activista, a pie de obra. Jesús nos habló de las diferentes vías pecuarias que atraviesan Medina del Campo.

A las dos cañadas antes citadas –la leonesa occidental y la burgalesa- añadió diferentes cordeles que a quien más, quien menos, le sonaban: el cordel de Madrid a La Coruña, el de Salamanca a Valladolid, el de Peñaranda, el de Olmedo, el de la Golosa, el de la linde de Gomeznarro y el cordel del camino viejo de la Nava. De su exposición me quedé con un dato: la red de caminos pecuarios de este país tiene una longitud de 125.000 kilómetros, de los cuales el 80 % aproximadamente han sido respetados y conservados.

Fotos: Consuelo Escribano Velasco y de Alberto Arranz.

Fotos: Consuelo Escribano Velasco y de Alberto Arranz.

Terminó la primera parte y tocaba reponer fuerzas. Nos dirigimos hacia las Reales Carnicerías en rebaño para dar cuenta, la ocasión lo requería, de una caldereta de cordero a la vieja usanza. Después, Santiago Manzano, escoltado por un grupo de sus numerosos amigos, había preparado un festival de auténtico folklore castellano-leonés, sin aditivos ni emulsionantes, solo conservantes naturales, los que da esta tierra de lana y balido. El festival lo abrió María Isabel Viña, de Nava del Rey, que nos contó la emotiva historia de un hombre de Villaverde de Medina, Ángel Pariente, un pastor que hacía la trashumancia desde Dueñas de Medina hasta Zorita de Badajóz, en jornadas de 30 kilómetros diarios.

El tío Manolo. Fotos: Consuelo Escribano Velasco y de Alberto Arranz.

El tío Manolo. Fotos: Consuelo Escribano Velasco y de Alberto Arranz.

Acto seguido tomó las riendas un charro de los de antes, Manuel García, el tío Manuel, quien sin más compañía que su voz y un cencerro cantó una tonada de vaquero que espantó males y fieras. Continuaron unos enamorados de lo auténtico, de Arrabal de Portillo, tierra de “zapatillas” y alfares, como bien puede atestiguar uno de ellos, Javier Campano, ceramista por vocación y tradición, dando el mismo tratamiento a la música tradicional que a la pella de barro.

Después un servidor, con la compañía de un zagal que pesqué de casualidad, recitó un texto: “Trashumante”, entre poético y pastoril. Nuevamente la poesía levantándose por encima del polvo del rebaño, del rastrojo empujado por el viento hacia la linde. “No hay oficio más duro, ni más digno, no hay trabajo más esclavo, ni más libre; trashumancia, se llama”.

Fotos: Consuelo Escribano Velasco y de Alberto Arranz.

Fotos: Consuelo Escribano Velasco y de Alberto Arranz.

Y para no perder el momento de lirismo, Galanica se subió al escenario y volvió a deleitarnos con esas voces de ángel de la majada: “Dime ramo verde, donde vas a dar, porque si te pierdes, yo te iré a buscar”. ” El colofón lo puso, con toda la justicia castellana del mundo, el propio archiperrero, Santiago Manzano, quien acompañado por Juanjo a la guitarra nos cambió de un poco de aires, porteños en esta ocasión, con una interpretación sentida del gaucho José Larralde llamada “Cosas que pasan”.

Y así fue, y así se lo cuento, estas cosas pasaron en Medina del Campo, como anteriormente pasaron rebaños por sus cañadas, cordeles y veredas, las incansables huestes de la Mesta, que diría el poeta, y como esperamos que vuelvan a pasar en años venideros, que gentes dispuestas a guiarlo no han de faltar, como bien habéis podido comprobar en esta crónica.

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