Duero-Esgueva

Peñafiel, imperturbable al paso del tiempo


Rebeca Díez // Peñafiel

El chúndara y las capeas en agosto, las ferias en torno al vino en otoño y primavera o las procesiones y la Bajada del Ángel en Semana Santa son fechas marcadas en el calendario para acercarse a conocer Peñafiel. Sin embargo, su atractivo turístico no se limita simplemente a unos días concretos.

Galería fotográfica de Peñafiel

Algunos llegan en busca de paz, tranquilidad y cultura; otros tantos visitan la cuna de la Ribera del Duero para degustar los mejores vinos en la tierra donde nacen y envejecen. Y otros muchos, jóvenes en su gran mayoría, se acercan a la villa con el objetivo de divertirse. Sea como fuere, la oferta cultural, enológica, gastronómica y de ocio que ofrece Peñafiel le han convertido en uno de los destinos turísticos emergentes con un mayor potencial de Castilla y León.

Vista de Castillo desde la Plaza del Coso.

Vista de Castillo desde la Plaza del Coso.

Desde prácticamente cualquier punto de la villa se observa el Castillo, situado en un cerro estratégico desde el que se puede admirar tres valles: el del Duero, el del Duratón y el del Arroyo Botijas.

Declarado Monumento Nacional, tiene 210 metros de largo por 20 de ancho y por ello aparenta un auténtico barco anclado en la tierra. Actualmente, el patio interior sur acoge el Museo Provincial del Vino, referente enoturístico de la provincia de Valladolid.

Desde el punto más alto de la torre, se diferencian todas las estrechas calles del municipio y uno de los rincones más mágicos de la villa, la Plaza del Coso, lugar de las distintas celebraciones taurinas que desde la Edad Media se vienen celebrando. Las viviendas, que en torno al espacio cuadrangular dan forma a una de las primeras plazas mayores de España, siguen conservando su aspecto medieval, con balcones arabescos de madera que se subastan durante los días de fiesta.

Dentro de la Plaza del Coso se encuentra el Aula de Arqueología en la que se ha intentado representar cómo era la vida cotidiana de la población vaccea de Pintia, y el Centro de Interpretación que  recrea los actos más destacados para los peñafielenses.

Iglesia de

Iglesia de Santa María

Otro de los edificios de interés es la Iglesia y Convento de San Pablo que antiguamente fue un alcázar del rey Alfonso X El Sabio. A su lado, se levanta la Iglesia de San Miguel de Reoyo del siglo XVI en estilo renacentista, aunque conserva una magnífica cabecera de una iglesia románica.

Para descubrir el Convento de Santa Clara, del siglo XVII, es necesario atravesar el puente sobre el Duratón al igual que para llegar a la Iglesia de Santa María. Fue construida entre los siglos XIV y XV, con tres naves que se cubren con bóveda de crucería en la central y de nervios cruzados en las laterales.

Actualmente, alberga el Museo de Arte Sacro en el que se recogen obras de escultura, pintura y orfebrería de las iglesia de la comarca. Mención especial a la Torre del Reloj, perteneciente a la desaparecida iglesia de San Esteban, cuyo reloj conserva la maquinaria original del siglo XIX, y a la Casa de la Ribera, tradicional del siglo XVI.

Las Ferias y Fiestas de Nuestra Señora y San Roque, del 14 al 18 de agosto, están declaradas de Interés Turístico Regional y  cuentan con un escenario tan increíble como es la Plaza del Coso.

A esto se les unen los encierros taurinos y el popular Chúndara. El lechazo, el queso y el vino son los productos típicos de la cocina de Peñafiel, donde la bebida se ve reforzada con ferias gastronómicas como “Riberexpo” y “Riberjoven”.

De Interés Turístico Nacional es la Bajada del Ángel, celebrado el Domingo de Resurrección, cuando un niño vestido de ángel desciende sujetado con cuerdas y le retira el velo de luto a la Virgen con la posterior suelta de unas palomas.

Vista del Castillo desde la Iglesia de San Pablo

Vista del Castillo desde la Iglesia de San Pablo

Peñafiel es un atrayente destino para quienes deseen olvidarse de los agobios de las grandes ciudades y sumergirse en un lugar en el que el tiempo se detiene. Visitar la villa es mucho más que poner los pies sobre la cuna de la Ribera del Duero pues es viajar hacia el pasado, abrir el paladar a los sabores del ayer, del hoy y del mañana.

Se debe vivir Peñafiel a través del gusto, el tacto, el olfato, la vista y el oído porque te muestra en primera persona la cultura, el arte y la tradición forjada con el paso de los siglos.

 

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