Pilar Martínez Fernández

Regias Espadañas


madre foto PEP“Aquellos tiempos de algarabías, júbilos, sinsabores, esperas al compás del tintineo de las campanas de las espadañas,  aquellas mozas aupadas entre los huecos del campanario divisando la lontananza con angustiada esperanza”

Espadaña de Ayllón

Espadaña de la iglesia de Santa María la Mayor en Ayllón, Segovia

Dícese de las espadañas,  que son campanarios de una sola pared en la que están abiertos los huecos para colocar las campanas.

Se cuenta que en diferentes episodios de guerra, las espadañas, por ser el punto más alto de un pueblo, eran utilizadas por las mozas para subir a menudo hasta ellas y divisar el horizonte; no lo hacían para divisar el paisaje de los alrededores sino para ver si llegaban los hombres que habían ido a luchar a las diferentes contiendas. Y cuentan también que queriendo tomar aún más altura, se aupaban unas a otras para asomar entre los huecos de las campanas y ver mejor las lomas de los alrededores por si llegaban por fin sus maridos, novios o hermanos de aquellas continuas luchas que tanta incertidumbre e incluso dolor provocaba en las gentes sencillas.

ruinas en castillaCabe pensar sin necesidad de utilizar demasiado la imaginación, que lo que aquellas mozas veían aupadas en la espadaña era una lontananza inmensa abierta a sus continuas esperanzas de ver llegar con vida a sus hombres,  y con ellos la continuidad de un pueblo que veía mermadas sus posibilidades con cada guerra frente a la tierra que se les ofrecía para vivir.

No hay duda que las espadañas que podemos encontrar en muchas pequeñas y grandes iglesias de los pueblos, son el testigo costumbrista de cuanto marcaba en otro tiempo la vida y las circunstancia de un pueblo o comarca, pues quién no sé imagina al ver las enormes campanas suspendidas en lo alto, el balanceo y posterior golpe de badajo jubiloso emitiendo ese sonido rompedor del solapado silencio del pueblo  llamando a misa o marcando las horas, o más solemne y lento anunciando algún fallecimiento…en definitiva, un elemento regio, con carácter y hasta con lenguaje propio que sirvió al modo de vida y rutina de nuestros antepasados castellano leoneses.

De todo cuanto se pueda saber o incluso imaginar de las espadañas y su influencia en la historia de un pueblo, el folclore recoge una vez más el testigo aproximándonos con sus múltiples retazos tradicionales a una estampa de antaño, como bien puede decirse, de aquellas improntas y sufridas vivencias de otro tiempo.

Jota de la Espadaña. Valladolid

Jota de la Espadaña. Valladolid

Existe una danza conocida precisamente como “ La espadaña” dentro del folclore tradicional castellano leonés. Es si cabe la más representativa del folclore de Valladolid y también muy antigua pues al parecer tiene su origen en la época romana en la que se realizaban torres humanas parecidas en representación de alma elevándose al cielo.  Sin embargo, la danza que bailan algunos grupos de folclore, es ciertamente una torre humana pero con otra simbología o al menos con otro fin, el de formar precisamente  una espadaña como la que podía parecerse a aquellas en las que las mozas se aupaban para esperar y ver llegar a sus hombres de la guerra. Es por esto que, precisamente, la danza de “ La espadaña” suelen bailarla mayoritariamente mujeres.

Puede ser una danza más dentro del folclore, un retal más de aquello que afortunadamente recoge la cultura tradicional, pero personalmente me atrevería a decir que va más allá de la simple tradición, o no tan simple si comprendemos que todo cuánto conserva el folclore es fruto de la trasmisión oral entre generaciones, pero cuando digo que va mas allá es por el hecho de su estética y composición, pues no hablamos de un baile en sí mismo sino de la proyección en vertical de una tradición en un marco arquitectónico y religioso muy característico y emblemático de nuestra tierra.

San Miguel del Arroyo, Valladolid. Ermita del Santo Espíritu. Espadaña

San Miguel del Arroyo, Valladolid. Ermita del Santo Espíritu. Espadaña

Asi pues, bien a través de la danza tradicional que tan bien recoge las costumbres, bien a través de nuestras incursiones a lo largo y ancho de nuestra esplendorosa Castilla y León, o simplemente por curiosidad,  permitámonos contemplar aquello que emergió y aún se eleva en muchos pueblos, permitámonos imaginar aquellos tiempos de algarabías, júbilos, sinsabores, esperas al compás del tintineo de las campanas de las espadañas,  aquellas mozas aupadas entre los huecos del campanario divisando la lontananza con angustiada esperanza…porque lo que se puede ver y descubrir es cuando menos singular.

Regias espadañas, bellas y simétricas intentando rozar el cielo, de piedra casi todas ellas y dando cobijo también a las cigüeñas. Esto es lo que aún tenemos y esto es, una vez más, lo que nos corresponde valorar y conservar.

 Pilar Martínez Fernández

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