Opinión

Hay pan de pueblo


Dos de la tarde en una calle céntrica de Valladolid. Tú, como mala previsora que eres, te olvidaste de comprar el pan. Cargada con las bolsas de la compra, sí, de esa que se te da tan bien, te paras enfrente de la única tienda que permanece abierta. Suspiras. Hoy en tu casa, se come. Y se como con pan. Como buenos castellanos que sois.

“Hay pan de pueblo”, reza un cartel situado en la misma puerta del establecimiento. Y a ti, que eres una más de esas urbanitas, te llama la atención ese complemento de nombre. Hay pan, sí, pero de pueblo.

Foto: Facebook "Pan de pueblo'

Foto: Facebook “Pan de pueblo’

Pero en tu casa se tiene que comer, comer con pan. Así que después de tirar, como buena urbanita que eres, empujas. Y nada más abrir la puerta una mujer te atiende con una agradable sonrisa.

No te fías, eres una buena urbanita y la mujer de la agradable sonrisa, Julia, te ofrece un trozo de ese pan. Pan de pueblo. Algo sabe diferente. Será el hambre. Dos de la tarde en una calle céntrica de Valladolid. Pero esa sonrisa tiene que seguir intacta. Y como si hubieras sido sacada de un anuncio, emites un “mmm” seguido de un “qué rico”. Sí, es el hambre.

Julia se despide con una sonrisa a la vez que sacas tu móvil del bolsillo. En tu casa no se preocupan por si vienes ya. Se preocupan por si traes el pan. “Sí, ya llevo…el pan”, asientes, como si por haber comprado pan de pueblo estuvieras renunciando a algo.

No solo de pan vive el hombre

Foto: Facebook "Pan de pueblo"

Foto: Facebook “Pan de pueblo”

Generalmente, entendemos por pan de pueblo un pan sabroso, elaborado de forma tradicional. Y en cada miga un trozo de su receta. Una receta un tanto peculiar, de las tan difíciles de copiar. El tiempo y la paciencia a la hora de elaborar cada uno. El resto de ingredientes hacen su parte y ofrecen un pan con mucha miga y jugosa y con corteza crujiente.

El cartel del establecimiento de Julia es uno de esos que se ha convertido en el reclamo de escaparates de panaderías, tiendas y todo tipo de establecimientos que se agarran a la centenaria buena fama de las tahonas de los municipios para conquistar clientes.  

Y aunque no sólo de pan vive el hombre, el gremio de panaderos alimenta no solo a sus familias, que viven directa o indirectamente de sus panes. Sino también a unas generaciones, pasadas, presentes y futuras. Pues ya se sabe, que los niños vienen con un pan debajo del brazo. Mejor si lo hacen con pan de pueblo, pensé.

Rebeca Díez (@RebecaDMelero)

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