Somos de Simancas

Paco Larita, el otro Archivo de Simancas


Ya se van a cumplir cinco años desde que publiqué este reportaje en la  revista “Linde y Ribera”, posteriormente La caza y su mundo en Castilla  y León” que yo dirigí. Paco fue mi primera portada y “Paco larita” sigue cazando…. Pasado  mañana, día 15, los cazadores regionales volvemos al campo y Paco ahí  estará al amanecer con su escopeta al hombro, como lleva haciendo desde  que tenía 16 años. Genio y figura, larga vida Paco, y buena caza…

Este veteranísimo cazador vallisoletano aún se mantiene en forma para  bregar domingo tras domingo tras las distintas especies de caza. Cazaré  hasta que me muera, sentencia la fina escopeta simanquina, toda una  leyenda andante, muy andante, de los pagos del alfoz vallisoletano. Con 82 años de edad este incombustible cazador de Simancas, conserva  una privilegiada memoria, unas piernas envidiables y aguarda al día de  la Virgen de Agosto para inaugurar otra temporada de caza mas, que de  forma continua, hará la número 65 en su carrera como cazador con  mayúsculas.

1157567_293153904158409_1676838545_n“ En el año 1936 no se cazó en España, por la Guerra Civil; en el 37  sí, porque lo pidieron las Hermandades de Labradores, en el 1938 no le  dieron autorización para cazar al padre del protagonista de esta  historia, – el señor Siro, que era guarda y cazador-, y tampoco cazó. En  1939 se abrió la campaña de caza el 29 de agosto; en 1940, el día 18; en  el 41, el 24 de agosto, en 1942, el año que debutó este sensacional  cazador simanquino la temporada comenzó el día de Nuestra Señora, lo  mismo que este año auque todo ha cambiado mucho…” Cronológicamente, Francisco Gómez Mateo, Paco Larita, va recordando a  LINDE Y RIBERA, de memoria, sin titubeos y con absoluta precisión, todas  las fechas de apertura de las temporadas de caza que ha vivido. Paco se  sabe de carrerilla el Reglamento de Armas y Explosivos del 27 de  diciembre de 1944, la antigua Ley de Caza, de pe a pá, la lista de todos  los Papas que ha habido, de memoria, y los números de la lotería que han  sido premiados con el gordo de Navidad, -su otra gran afición-, pero  sobre todo, Paco Larita puede presumir de ser un cazador con mayúsculas  desde que tenía 16 años y toda una memoria andante y orgulloso del  pueblo donde nació, que curiosamente, es donde se asienta se el Archivo  General del Reino, en la Villa vallisoletana de Simancas. Por cierto, sería bueno saber quién guarda mas datos en su memoria, si  la remozada fortaleza archivera o la magnifica cabeza de este cazador de  82 años, que vivió sólo para cazar y que es todo un mito en los pueblos  aledaños a su lugar de origen, donde se le conoce como, El Cazador.

DE PROFESIÓN, CAZADOR

Pocos cazadores se habrán ganado un lugar en la historia cinegética  regional como este chaval que espera con impaciencia salir a cazar el  próximo día 15 de agosto a por las primeras codornices de la temporada,  que volverá a levantar a pisotón, ya que no lleva perro, para luego,  buscar a la torcaz faldeando las laderas con toda la calorina y cuando  la mayor de las palomas se crea a salvo sesteando a la sombra de los  pinos. Paco Larita no trabajó nunca en un empleo estable, “pero nunca he  parado, coño… ¡¡¡, recuerda el protagonista. Entonces se cazaba hasta 123 días por temporada y este bravo cazador,  si tenía algún empleo cuando se levantaba la veda lo abandonaba para  dedicarse a cazar. El conejo era su especie favorita y después la  perdiz, aunque finalmente se decantó por la patirroja, llegando a  apiolar alguna temporada, como el año 1956, más de 600 perdices que  posteriormente vendía a sus compromisos.

“Con la caza ganaba mas dinero que trabajando y además me gustaba  infinitamente mas salir a cazar con mi escopeta, – una Jabalí y  posteriormente una AYA.-, antes que estar trabajando para nadie, ya que  en el campo mandaba yo. He pasado miles de horas cazando y he cobrado  mucha caza. He llegado a fundir dos escopetas repetidoras FN y cacé con  todos los calibres. Cuando llegó la repetidora fue otro mundo. Llegue a  realizar en varias ocasiones varios tripletes de perdices pero claro,  había muchas mas que ahora y éramos cuatro cazadores. Por supuesto que  ahora me da pena recordar la caza que abatí, pero ésa era mi profesión y  siempre cacé de legal. Solamente tuve una denuncia en mi vida, en 1972,  y fue por olvidarme la licencia en casa. Me costó el disgusto y entre  multa y el juicio, casi 1.100 pesetas de las de entonces. Ese año vendía  una perdiz a 30 pesetas así que la multa la pagaron 36 perdices que me  costaron un triunfo, pues aquel año no hubo tantas. En defensa de la  Guardia Civil, con la que siempre me llevé bien, tengo que reconocer que  luego el guardia que me sancionó me pidió perdón por haberme denunciado.  Le admití sus disculpas pues creo que cumplió con su trabajo, pero podía  haber sido algo mas condescendiente conmigo que me levantó 220 duros….”  recuerda el cazador mientras lía un cigarrillo de caldo.

LAS PIERNAS SON LAS QUE MATAN LA CAZA

543409_293153954158404_2043824421_n“ La caza esta evolucionando mucho, en unas especies para bien y en  otras, desgraciadamente para mal. Yo nunca ví tantos conejos como ahora,  ni tampoco tantas palomas caseras. Las liebres, van a menos y las  perdices son muy variables en sus poblaciones, con años que si se ven  buenos bandos y con otras temporadas que parece que se las tragó la  tierra. Creo que somos muchos los cazadores que vamos a ellas aunque  afortunadamente tenemos cupo de tres perdices y solamente los cazadores  con buenas piernas son los que lo logran, pero no todos los días, ojo,  que algunos se piensan que las perdices son como las setas, que llegas  al campo y ésta quiero y ésta no quiero. ” apostilla el veterano  cazador. Paco Larita, 160 centímetros de pundonor, y soltero, salía y sigue  saliendo de su domicilio a cazar de noche y andando, y de noche y a pie  regresa a su hogar. Nunca tuvo coche y su medio de transporte fueron sus  pequeñas pero poderosísimas piernas, y una bicicleta a la que no le ha  cogido miedo y en la que aún se desplaza, a pesar de que no hace aún 7  años fue atropellado por un vehículo, que se dio a la fuga, dejándolo  malherido y abandonado en la cuneta. “ Las piernas son los mejores cartuchos para cazar la perdiz. Yo nunca  fui recto en busca de perdices, siempre trate de sorprenderlas en las  solanas, en las brigadas, o en cualquier lugar a los que las conduje, a  poder ser, sin forzarlas. Luego, cuando había que correr es cuando había  que apretar. Lógicamente también hay que tener algo de idea a la hora de  disparar y yo, modestamente, no se me dio nunca mal el tiro, pero eso  sí, he disparado miles de cartuchos. También he tenido una buena  cantidad de bolos durante mi vida cinegética, no vayan a pensar que todo  el monte es orégano…” asegura Paco Larita.

CAZAR EN ALPARGATAS, O SIN ELLAS

Una de las anécdotas que recuerda Paco Larita fue durante una jornada  de caza que le sucedió en octubre del año 1960, en el pago de La  Colorada, en la vecina localidad de Geria. ” Todavía vive el señor Tino, el pastor, que es testigo. Me lo encontré cazando aquel día al mediodía y me preguntó que cómo es que llevaba solo dos perdices al cinto, cuando le habían comentado que yo era muy  valiente y muy buen cazador. Le contesté que todos los días no se daban  igual y que además se me habían roto las alpargatas de pelotari con las  que había salido de caza. Yo le iba a pedir algún cordel para podérmelas atar para poder llegar calzado a mi pueblo, que está a cinco kilómetros.  En esto se puso a cantar una perdiz en la ladera y me quedé escuchando  cómo me desafiaba. Ahí la tienes, me dijo el pastor, lástima lo de las alpargatas. No me lo pensé un segundo, subí ladera arriba descalzo a por ella y  cuando bajé al rato había matado otras diez perdices más. He roto mucho  calzado y cacé muchas veces con lo pies desnudos. Un día una persona dijo en televisión que los cazadores contábamos mentiras. Ahí están los  testigos. Lo cuento como anécdota, pero también tuve muchas jornadas de fracasos y también las he contado.”.

DE MIS CARTUCHOS ME FÍO

Paco siempre se cargó sus cartuchos. Tiene todos los útiles para  recargar cartuchos en todos los calibres. También en los años de penuria se hacía los perdigones de plomo para los cartuchos. A veces me salían  “fideos” en vez de perdigones pero luego los cortaba con las tenazas y  los arreglaba. Me gusta hacerme mi propia munición. Me entretengo, sé lo que tiro y me fío más. Yo he comprado miles de cartuchos de fábrica de  todas las marcas, pero los corto, los desarmo y me los fabrico a mi  gusto según sean mis necesidades. Aún guardo algún cartucho y también  algo de pólvora de marcas ya desaparecidas, como la pólvora de la  Sociedad Española de Armas y Municiones, S.E.A.M., que absorbió la Unión Española de Explosivos en 1.947. Por guardar, Paco Larita conserva en su memoria hasta el número de la  cédula que le expidió el Gobernador Civil en 1942 cuando comenzó a  cazar. “ Entonces no había licencia. Se cazaba con una cédula que te expedía  el Gobernador Civíl, siempre que los informes que a él le llegaran fueran buenos, claro. Mi cédula era de Clase 16, número 136.502. Ya ha  llovido lo suyo, pero mientras tenga cartuchos, escopeta y un paquete de  tabaco de picadura para liarme mis cigarros, seguiré saliendo a cazar y si me canso- dice Paco Larita-, me siento, que no tengo que hacer otra  cosa”. Genio y figura.

Leonardo de la Fuente Prieto

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