Pilar Martínez Fernández

Otoñadas en Castilla: ‘La senda de los Pescadores’


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“Qué descansada vida, la del que se aleja del mundanal ruido y sigue la escondida senda de los pocos sabios que el mundo han sido”…decía Fray Luis de León.

Me vino al pensamiento esta cita mientras  paseaba por “ La Senda de los Pescadores”, un lugar que muchos senderistas conocen  en el término municipal de Cuéllar, a escasos veinte Kilómetros del límite con la provincia de Valladolid.

Allí el río Cega  se enreda juguetón entre una vegetación frondosa  que deja discurrir su agua a ratos con prisa, otras en cambio con más calma, pero en otoño ese discurrir por la senda  por la que el propio curso del río se va abriendo camino, se convierte en toda una explosión de sensaciones donde el ruido no existe, únicamente susurros de una naturaleza que con cada paso te  envuelve  en  una atmósfera de quietud.

IMG_7090El otoño es un tiempo donde lo que mejor le describe es precisamente la facilidad de ofrecer contrastes. Del  tibio calor de ese sol al que se le acortan horas se pasa poco a poco al sutil frío con esos vientos que mecen las árboles para que, perezosas vayan también poco a poco cayendo las hojas.  Y qué decir de los colores, del  verde  a esos tonos amarillos pasando por toda una gama de colores intermedios que, mezclados,  dan lugar a todo un estallido  multicolor junto a esos frutos rojos silvestres que tientan al paladar; un tiempo  en el que la naturaleza puede antojarse  melancólica en su lento paso hacia el letargo del invierno,  sin embargo, no es así cuando te sumerges verdaderamente en su atmósfera.

 En “ La Senda de los Pescadores”,  todos esos contrastes  otoñales son plenamente visibles.  El paisaje que vas viendo mientras caminas es una maravillosa paleta de colores  con infinidad de matices; verdes musgo,  amarillos dorados de hojas, tostados y verdosos de líquenes incrustados en la corteza de los árboles,  ocres salpicados con frutos rojos y negros,  verdes intensos de hojas  perennes…porque, esa es precisamente la maravillosa fusión que ofrece el otoño y con más viveza en este lugar; la lenta desnudez IMG_7013de algunos árboles caducos arropada por la imperturbable frondosidad de los perennes para procurar equilibrio.

Tal vez lo que cabe reseñar de ciertos lugares como” La Senda de los Pescadores” es que allí donde el agua discurre, la vegetación es agradecida y generosa hasta el punto de facilitar al caminante respetuoso con ella accesos a rincones verdaderamente sugerentes.

En los diferentes tramos del recorrido por donde serpentea El Cega, hay árboles alzados hasta el mismísimo cielo majestuosos y a merced de la brisa que cimbrea sus ramas y hojas mientras que otros aparecen tumbados o caídos como si quisieran formar un puente hacía la otra orilla. Son tal vez los más vapuleados por la caprichosa naturaleza cuando arremete con sus riadas, sin embargo  también son los que ofrecen más  juego pues  con su desafío al agua y a la tierra de la que cual a duras penas se asientan sus raíces,  forman  diques en los que se puede observar cómo las hojas flotan sin corriente, únicamente movidas por la inercia de un agua medio estancada.  De igual manera puedes ver reflejos muy sugerentes en el agua, visiones ópticas que aparecen como un paisaje bidimensional.

IMG_7011Otra de las  sensaciones que percibes a medida que caminas por el sendero es ese aroma a humedad sana que pareciera brotar de tus mismos pies cuando pisas el suelo mullido por la infinidad de hojas caídas y que,  precisamente es lo que hace tan placentero continuar la senda hasta donde permite la prudencia pues, desafortunadamente las consecuencias de la riada primaveral  han dejado el recorrido bastante deteriorado y no se aconseja, al menos de momento,  hacer todo el recorrido.

En cualquier caso, “ La senda de los Pescadores” es un escenario otoñal muy sugerente para esos momentos de contemplación,  de descansada vida que decía Fray Luis de León. El resto lo tenemos que poner nosotros como caminantes abriendo nuestros sentidos a  cuanto la naturaleza más vivaz e infinita nos ofrece cuando se funde lo perenne con lo caduco para caer en letargo y luego…volver a renacer.

                         Pilar Martínez Fernández

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